Hernán Rodríguez Castelo

Escritor, historiador de la literatura y crítico de arte

 


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El gran libro del desnudo ecuatoriano

 

TONTOBURRO


Quito y Cádiz,    Mejía y las dos constituciones

Charla en el Congreso por el Bicentenario

de la Constitución de Quito, 14 de febrero 2012

 


A propósito del libro Manuela

Manuela en la Casa

Colección Bicentenario

 

De venta en la librería de la CCE y con el autor

 

Video y Galería de fotos

 

Comentarios:


Sobre literatura infantil y juvenil

Análisis de las obras clásicas de la literatura infantil y juvenil

Edición: Universidad Técnica Particular de Loja. www.utpl.edu.ec

Libro manual que da herramientas al maestro y maestra o promotor de lecturas que le permitan llegar al conocimiento y valoración e inteligencia de los textos destinados  a los niños, para generar las destrezas de análisis y crítica de esos textos.

Los cuentos más bellos del mundo

Edición: Universidad Técnica Particular de Loja. www.utpl.edu.ec

Libro en el que se hace el análisis de cinco cuentos para niños que pertenecen al patrimonio de la humanidad: Cenicienta o el zapatito de cristal, de Charles Perrault (1628-1703); Hansel y Gretel, de Jacob y Wilhelm Grimm (1785-1863/1786-1859); Bella y bestia, de Jeanne Marie Leprince de Beaumont (1711-1780); La Sirenita, de Hans Christian Andersen (1805-1875); y, El Príncipe Feliz, de Oscar Wilde (1854-1900).

 

Hace cien años murió Rubén Darío

 

por Hernán Rodríguez Castelo

 

            El 3 de diciembre de 1898 salía del Río de la Plata almar, rumbo a España, un poeta. "La Nación" de Buenos Aires le ha encomendado cubrir con sus crónicas lo que vivía la España derrotada en su guerra con Estados Unidos.Iba el poeta a  esa España que se ha de querer siempre concariño hondo y ahora más "porque si ya no es la antigua poderosa, la dominadora imperial, amarla el doble;y si está herida tender a ella mucho más".

            Pero ese poeta, que se llamaba Rubén Darío, no era un versificador más y ni siquiera un poeta más. Era un poeta fundamental de la lírica en español. E iba camino a consagrarse el poeta de la hispanidad. Lo que diría en un verso años más tarde, "poetas, altas torres de Dios"(El IX de Cantos de vida y esperanza). La alta torre se iba construyendo.

            Para asistir a esa consagración, que no fue cosa de oropelescas fatuidades ni reconocimiento lúgubre por tardío, como el que él mismo iba a reseñar en el caso de Campoamor,sino admiración viva, y, como debe ser en el caso de un creador literario, crítica, acudo a la voz de quien apuntaba a ser el lírico mayor de España en la primera mitaddel siglo XX y era ya, a más de poeta, crítico agudo y certero para anunciar el futuro de gentes que se asomaban en el horizonte literario hispano: Juan Ramón Jiménez.

            Juan Ramón le escribe a Rubén Darío, en 1902, desde el Sanatorio del Rosario,en Madrid, para contarle que  cinco amigos y él estaban planeando hacer una revista mensual como el "Mercure de France" -150 páginas, de fina edición-.El poeta nicaragüense le anima, y en nueva carta Juan Ramón le saludaba como a "queridísimo maestro" y, al pedirle colaboración para esa revista, le confesaba: "quiero que usted colabore a todo trance, y en sitio de honor, porque creo que usted es el primer poeta de los que hoy escriben en castellano, y con una gran superioridad sobre todos".[1]

            Le ha tratado pocos días, pero le profesa ya cariño entrañable.Le preguntaba dónde podría hallar Los raros -que había aparecido en Buenos Aires en 1893  y aparecería en Barcelona en 1905-, y le decía conocer Azul, Prosas profanas y España contemporánea.

            En otra carta, en 1903, Juan Ramón le confiaba al poeta americano: "Un día, en vida y salud, haré un libro sobre usted...¡para esos brutos!"

            Y en carta del año siguiente volvía al supremo encomio: "Usted -ya lo dije-es el mayor poeta que ha escrito en castellano desde la muerte de Zorrilla... Usted es el único gran poeta que hay actualmente en España..."

            Unos pocos años más tarde José Ortega y Gasset, que oteaba  el horizonte cultural español desde alto mirador y comunicaba sus hallazgos con prosa rica, densa de pensamiento sin perder claridad, y siempre original y artística, la de más altas calidades que se haya escrito en español en el siglo XX, trataba en una artículo -de 1912- sobre un gran poeta nuevo, y dibujaba el panorama en que había surgido.

            Se había instalado la lírica española en lo que Ortega llamó "poesía de funcionario"."Era bueno un verso cuando se parecía hasta confundirse a la prosa, y era la prosa buena cuando carecía de ritmo".

            Y recordaba: "Fue preciso empezar por la rehabilitación del material poético: fue preciso insistir  hasta con exageración en que una estrofa es una isla encantada, donde no puede penetrar ninguna palabradel prosaico continente sin dar una voltereta en la fantasía y transfigurarse cargándose de nuevos efluvios como la naves de otro tiempo se colmaban en Ceilán de especias. De la conversación ordinaria a la poesía no hay pasarela. Todo tiene que morir para renacer luego convertido en metáfora y en su reverberación sentimental".

            Y a la hora de esa transformación esencial da con Darío: "Esto vino a enseñarnos Rubén Darío, el indio divino, domesticador de palabras, conductor de los corceles rítmicos. Sus versos han sido una escuela de forja poética. Ha llenado diez años de nuestra historia literaria".[2]

SOBERBIA TRAYECTORIA

            Ese poeta al que esas dos voces -para mí, cada una en su ámbito, las mayores de la España de la hora- así han exaltado, había nacido en Metapa, Nicaragua, el 18 de enero de 1867, y había sido bautizado en León Santiago de los Caballeros como Félix Rubén. Se quedaría con el Rubén y añadiría el Darío, siguiendo vieja tradición de llamar a los miembros de una familia con el nombre de su jefe, que había sido un Darío.

            Rescatamos de tristes historias familiares loque el propio poeta en su Autobiografía nos confiaría: "De mí sé decir que a los diez años ya componía versos, y que no cometí una sola falta deritmo". Y era el autor de la "lluvia de versos" que caía en la procesión del Señor del Triunfo.

            En 1880, a sus trece años, escribe "Víctor Hugo". Se publicaban ya versos suyos, y no solo en Nicaragua, y se le llamó -también lo cuenta en la Autobiografía- "en mi república y en lascuatro de Centroamérica" "elpoeta niño".

            A los 14 años concluye su primera obra: Poesías y artículos en prosa, que nunca se imprimió.

            Y lee y lee. Daría con esa mina que es la Biblioteca de Autores Españoles que publicaba Ribadeneyra. Sus largas lecturas, desordenadas y todo, le darían el fondo de rica cultura que lució lo mismo en sus poemas que en sus crónicas.

            Escribe artículos  polémicos al modo del admirado Juan Montalvo, a quien dedicaría -en 1884- el poema "Epístola a Juan Montalvo".

            En un mozo de quinceaños cuando lee -el 24de enero de 1882- cien décimas sobre "ElLibro" ante el Presidente de la Repúblicade Nicaragua, en una fiesta en palacio.Las recordaba en la Autobiografía: "Todas ellas rojas de radicalismo antirreligioso, detonante, probablemente ateas y que causaron un efecto de todoslos diablos".

            Al año siguiente, ya en San Salvador,lee su poema"Al Libertador Bolívar", que se edita.

            Y conviven en buena paz el maestro de gramática yel bohemio, cuando da con el alejandrino francés en sus nuevas formas que adaptaba al español Francisco Gavidia, gran conocedor de Víctor Hugo. A la muerte  deladmirado poeta escribe "Víctor Hugo y la tumba" -21 demayode 1885-. Pocos años más tarde -en 1890- estrecharía amistad con Gavidia.Con él dirá "penetré en  iniciación ferviente en la armoniosa floresta de Víctor Hugo y de la lectura mutua de los alejandrinos del gran francés, que Gavidia, el primero seguramente, ensaya en castellano a la manera francesa, nació en mí la idea de renovación métrica que debía ampliar y realizar más tarde".

            Sale de su país. A Chile. Se vincula con la intelectualidad chilena. Obtiene un primer premio con su "Canto épico a las glorias de Chile". Escribe cuentos modernistas preciosistas: "El rey burgués" -que vive de arenques y cerveza, como lo hacía él mismo "para poder vestirme elegantemente, como correspondía a mis amistades aristocráticas".

            Bajo la superficie del exótico motivo y la prosa preciosista decía mucho el poeta para quien supiera leerle. El sibarita y fastuoso rey, en medio de sus seguidores, leía "bellos libros sobre cuestiones gramaticales, o críticas hermosillescas". El poeta ha ensayado el yambo. Y no se lo entendía: "El zapatero critica mis endecasílabos y el señor profesor de farmaciapone puntos y comas a mi inspiración". Y, mientras el incomprendido poeta moría en la helada intemperie, en los cálidos y brillantes salones de palacio "se aplaudían hasta la locura los brindis del señor profesor de retórica, cuajados de dáctilos, de anapestos y pirriquios".

            Escribió más cuentos "La ninfa" -"cuento parisiense"-, "El fardo", "El velo de la reina Mab"... es decir, nacía Azul, que se publicaría en 1888, y en su segunda edición llevaría un estudio de Juan Valera,el que había hecho para sus Cartas americanas.

            De esos días es la pequeña suma de su poética de esta hora que incluyó en un artículo sobre "Catulo Méndez. Parnasianos y decadentes": "Tener luz y color en un engarce, aprisionar el secreto de la música en la trampa de plata de la retórica".

            En 1892 hace su primera visita a España.Como secretario de la delegación que el gobierno de Nicaragua enviaba a España para las fiestas del IV centenario de la llegada de Colón a América. Para la ocasión escribe "A Colón".

            En Madrid se relaciona con Juan Valera, Salvador Rueda, Campoamor, Castelar, Menéndez Pelayo, Núñez de Arce y Emilia Pardo Bazán.

            En 1893 conoce, en Nueva York, a su admirado José Martí. El se convierte en su maestro de prosa, de una prosa más enjundiosa y menos clásica y retórica que la de Montalvo.

            Y ese mismo año  hace una visita con la que había soñado desde la niñez: París. En viaje a un consulado se escapó, vía Nueva York, a "esa que era para mí como un paraíso en donde se respirase la esencia de la felicidad sobre la tierra. Era la ciudad del Arte, de la Belleza y de la Gloria". Su cicerone fue EnriqueGómez Carrillo,conocido suyo desde tierras americanas. Y, revelación deslumbradora, conoció a Verlaine. Fue en el café O´Harcourt.Elpoeta estaba ebrio. Y cuantas noches volvió para ver si le era dable conversar  con él, estaba igualmente borracho.Agota sus recursos en esa permanente fiesta que era para un poeta bohemio París y se vuelve a Buenos Aires.

                        De esosdías bonaerenses de 1894 consignó en la Autobiografía: "Pasaba pues, mi vida bonaerense, escribiendo artículos para La Nación y versos que fueron más tarde mis Prosas profanas, y buscando por la noche  elpeligroso encanto de los paraísos artificiales". De esos artículos unos fueron  "Semblanzas literarias", que se publicarían en 1896 en Los raros.

            En ese año 1896 publicaciones en América y España afirman su fama en los dos mundos. En especial Prosas profanas y otros poemas, que dedica a Carlos Vega Belgrano, quiengenerosamente había financiado su publicación.

            En uso de una autoridad bien ganada, el poeta hizo preceder esta edición de desafiantes "Palabras liminares":

 Después de Azul..., después de Los raros, voces insinuantes, buena y mala intención, entusiasmo sonoro y envidia subterránea,-todo bella cosecha- solicitaron lo que, en conciencia, no he creído fructuoso ni oportuno: un manifiesto.

     Ni fructuoso ni oportuno:

     a) Por la absoluta falta de elevación mental de la mayoría pensante de nuestro continente, en la cual impera el universal personaje clasificado por Remy de Gourmont con el nombre de Celui-qui no cromprend-pas. Celuiquinecomprend-pas es entre otros el profesor, académico correspondiente de la Real Academia Española,periodista, abogado,poeta, rastaquouer.

     b) Porque la obra colectiva de los nuevos de América es aún vana, estando muchos de los mejores talentos en el limbo de un completo desconocimiento del mismo Arte a que se consagran.

     c) Porque proclamando, como proclamo, una estética acrática, la imposición de un modelo o de un código implicaría una contradicción.

            Del desprecio de esas mayorías marginales, rescataba cuanto le parecía o realizado ya como grande o prometedor de esa realización: ese mismoaño conoce a un poetaen cuyo horizonte ve un futuro brillante, y lo apoya: Leopoldo Lugones. Saluda, entusiasmado, Las montañas de oro, del argentino. Y en España atisba el nacimiento poético de Manuel Machado y de Juan Ramón Jiménez, con quienes entablaría cordiales relaciones en esta nueva visita a Madrid, enviado por La Nación, en 1898, a la que le hemos visto embarcarse al comienzo de esta evocación.

ESAS ESTUPENDAS CRÓNICAS

            Importa detenerse en esta jornada de tan inquieta trayectoria, en esas crónicas que escribe para elgran periódico argentino entre el 3 de diciembre de 1898 y el 7 de abril de l900, y que se recogerían en el libro España contemporánea.

            En estas deliciosas crónicas  se alza un Rubén Darío que triza la imagen al uso epidérmico de solo el poeta y, peor, si el poeta de solo sonoridades brillantes y fastuosas imágenes. Es elprosista que renueva estupendamente lacrónica cultural, desde la tribuna de un prestigio ampliamente acatado y con las altas calidades del poeta.

            Mientras iban llegando a los puertos de España los infelices soldados de Cuba y Filipinas, el cronista buscaba en el horizonte español los reemplazos para viejas cimas del alma nacional: "Cánovas, muerto; Ruiz Zorrilla, muerto; Castelar, desilusionado y enfermo; Valera, ciego; Campoamor, mudo... No está por cierto Españapara literaturas, amputada, doliente, vencida" (4 de enero de 1898)

            Este escrutinio del enamorado del arte literario había comenzado desde su entrada en la Península por Barcelona.Al alto elogio de Rusiñol -"Es rico, fervoroso del arte, humano, profundamente humano. Es un traductor admirable de la naturaleza,cuyos mudos discursos interpreta y comenta en  una prosa exquisita o potente,en cuentos o poemas de gracia y fuerza en que florece un singular diamante de individualidad"-, sigue breve recuento de “los que se han quedado atrás, o callan, o apenas son oídos": "Balaguer es ya del pasado, con su pesado tráfago; el padre Verdaguer apenas logra llamar la atención con su último libro de Jesús: vive al reflejo de la Atlántida, al rumor de Canigó. Guimerá, que trabaja al sol de hoy, va a Madrid a hacer diplomacia literaria, y los madrileños, que son "malignos", le dicen que conocen su juego, y que hay en el autor de Tierra baja un regionalista de más de la marca. Bellamente, noblemente, a la cabeza de la juventud, Rusiñol, que no escribe sino en catalán, pone en Cataluña una corriente de arte puro, de generosos ideales, devirtud y excelencia trascendentes".

            Ha probado de sobra -lo ponderaría en una crónica- su amor a España; por eso puede decir su verdad sobre lo español de que informa a América, Europa y la misma España: "No se dan cuenta de que  quitando a Cajal y a algunos dos o tres más en ciencias, y a Castelar en su rareza oratoria, no les conoce el mundo más que por sus toreros y sus bailadoras" ("Pongo naturalmente a un lado los pintores") ("Novelas y novelistas", 24 de julio de 1899).

            Era el gris hoy. En la crónica “Los inmortales" tornaba la vista al pasado próximo y hallaba un poeta: "Don Gaspar Núñez de Arce ilustra con su poesía el árido senado. Es el Sully-Prudhomme de los españoles y el José María de Heredia". "Hoy España no cuenta con poeta mejor. Más aún, no existe reemplazante". Pero de esa poesía juzgaba: "No basta al deseo de la juventud que observa la deslumbradora transformación del arte moderno". De la que él era -nunca lo dijo: había que leerlo  bajo la superficie- cabeza y heraldo.

            ¿Y América que era la tierra del cronista?

            A España le recriminaría que  "apartando a un grupo escasísimo de hombres como Valera y Castelar, se nos procuró ignorar lo más posible, y,como lo he demostrado en La Nación, de Buenos Aires, y en la Revue Blanche, de París, la culpa no fue del tiempo esta vez, sino de España. Gloríanse los  ingleses de los triunfos conseguidos por la República Norteamericana, hechura y flor colosal de su raza: España no se ha tomado hasta hoy el trabajo de tomar en cuenta nuestros adelantos, nuestras conquistas, que a otras naciones extranjeras han atraído atención cuidadosa y de ellas han sacado provecho".

            Y anunciaba: "Gran orgullo tengo aquí de poder mostrar libros como los de Lugones o Jaime Freire entre los poetas, entre los prosistas poemas, como esa vasta, rara y complicada trilogía de Sicardi. Y digo: esto no será modernismo, pero es verdad, es realidad de una vida nueva, certificación de la viva fuerza de un continente". Y hacía  suya la visionaría profecía de Valera: "las literaturas de estos pueblos seguirán siendo también inglesa, portuguesa y española, lo cual no impide que con el tiempo o tal vez mañana, o ya, salgan autores yanquis que valgan más que cuanto ha habido hasta ahora en Inglaterra, ni impide tampoco que nazcan en Río de Janeiro, en Pernanbuco o Bahía escritores que valgan más que cuanto Portugal ha producido; o que en Buenos Aires, en Lima, en Méjico o en Valparaíso lleguen a florecer las ciencias, las letras y las artes con más lozanía y hermosura que en Madrid, en Sevilla y en Barcelona" ("Homenaje a Menéndez Pelayo", 27 de diciembre de 1899).

            ¡Y las crónicas ligeras, que bien poco tenían de ligeras y, hondas, solo eran deliciosas, chispeantes de hallazgos!

            En unas "Notas teatrales", la digresión sobre los estilos de vestir lucidos en el teatro: a la vienesa: la bonaerense, la neoyorkina, para resumir, a la española... "os digo que imaginéis a una maja de Goya vestida por Chaplin".

            "Si Versalles recuerda a una coja encantadora en la historia, Aranjuez guarda aún el perfume de una tuerta hechicera" ("La "España  negra" "), en esa crónica en que, comentando libros recientes sobre España,enbrioso ejercicio que más que crítica era recreación, calaba abisalmente en lo español: "Es la tierra de la alegría, de la más roja de las alegrías: los toros, las zambras, lasmujeres sensuales, donJuan, la voluptuosidad morisca; pero por lo propio es más aguda la crueldad, más desencadenada la lujuria, madrede la melancolía; y Torquemada vive, inmortal. Granada existe, abierta al sol, como el frutodesu nombre, perfumada,dulce,ávidamente grata; pero hay una Toledo, concreción de tiempo, inmóvil y seca como una piedra, y entre cuyos muros sería insólita y fuerade lugar una carcajada". Y así las seis páginas que cabe imaginar con cuanta delectación se leerían. Salvo, pienso, los aludidos.

            Y más España profunda.La pintura goyesca en multiplicados paneles de un pueblo que se divertía en sus carnavales "con igual humor al que hubiese tenido sin Cavite y sin Santiago de Cuba". Pero debajo de esa España que bailaba frenéticamente tenía atisbos -que  anticipaban los de Ortega y Gasset-: "Mientras más voy conociendo el mundo que aquí piensa y escribe, veo que entre el montón trashumante hay almasde excepción que miran las cosas con exactitud y buscan un nuevo rumbo  en la noche general".Y el final era duro pero esperanzado llamado: "...hay que quitar de sus ornacinas ciertos viejos ídolos perjudiciales, hay que abrir todaslas ventanas para que los vientos del mundo barranpolvos y telarañas y queden limpias las gloriosas armaduras y los oros de los estandartes, hay que ir por el trabajo y la  iniciación en las artes y empresas de la vida moderna "hacia otra España", como dice en un reciente libro un vasco bravísimo y fuerte -el señor Maeztu; y donde se encuentran diamantes intelectuales como los de Ganivet -¡el pobre suicida!-, Unamuno, Rusiñol y otros pocos, es señal de que ahondando más el yacimiento dará de sí" ("Carnaval", 17 de febrero de 1898)

            ¡Bendita pobreza la que hizo que Rubén Darío para subsistir, y subsistir con la nobleza que estilaba, debiese escribir sin parar estas crónicas!

Y VOLVEMOS A SEGUIRLE

            Y volvemos a seguirle en ese itinerario suyo que no conocía descansos.

            Más viajes. Como cronista, A Roma por el Año Santo,donde conversa con León XIII. Nueva ediciones y nuevos libros.La segunda de Prosa profanas, con un prólogo de Rodó (1901). Crónicas francesas en La caravana pasa  (1902).

            En 1903 escribe elelogio de Arias tristes de Juan Ramón Jiménez, y en 1905 prepara, con ayuda del poeta, Cantos de vida y esperanza. Los Cisnes y otros poemas. Estaba allí el poema que algunos de esos "brutos", que decía Juan Ramón, esos que formaban parte del rebaño de los que no comprendían, a los que había anatematizado en  las palabras liminares de Prosas profanas, reprocharían: "A Roosevelt":

¡Es con voz de la Biblia, o verso de Walt Whitman,

que habría que llegar hasta ti, Cazador!

¡Primitivo y moderno, sencillo y complicado,

con un algo de Washington, y cuatro de Nemrod!

           

            Sí, reconocía

 

     Los Estados Unidos son potentes y grandes.

Cuando ellos se estremecen hay un hondo temblor

que pasa por las vértebras enormes de los Andes

Si clamáis, se oye como el rugir del león.

           

            Pero terminaba anunciándole:

 

Tened,cuidado.¡Vive la América española!,

hay mil cachorros sueltos delLeón Español.

Se necesitaría, Roosevelt, ser por Dios mismo,

el riflero terrible y el fuerte cazador

para poder tenernos en vuestras férreas garras.

 

Y, pues contáis contodo, falta una cosa: ¡Dios!

           

 

            Lo fechó en Málaga, en 1904. Y de poemas así dijo: "Si en estos cantos hay política esporque aparece universal. Y si encontráis versos a un presidente es porque son un clamor continental".

            En este 1905 lee, en una memorable sesión del Ateneo, en Madrid, "Salutación del optimista" que fue a la vez anuncio y  exhortación urgente y apasionada y significó abrir las puertas a una nueva generación española:

Únanse, brillen, secúndense tantos vigores dispersos;

formen todos un solo haz de energía ecuménica.

Sangre de Hispania fecunda, sólidas, ínclitas razas,

muestren los dones pretéritos que fueron antaño su triunfo.

Vuelva el antiguo entusiasmo, vuelva el espíritu ardiente

que regará lenguas de fuego en esa epifanía

           

Aparecen ediciones de Los raros y Azul.

            En 1906 viaja como secretario a la Conferencia Panamericana de Río de Janeiro.Otros secretarios eran poetas amigos. Como para que dijese: "Esa conferencia en que los secretarios éramos gigantes y los ministros pigmeos". A tono con el espíritu de la Conferencia escribe en Río su "Salutación al águila", que le reprocharía Blanco Fombona. También en ese poema, bajo la vibrante superficie había mucho que leer para América latina.

            1907: sale de París a Nicaragua. "Tras quinceaños de ausencia, deseabayo volver a mi tierra natal.Había en mí algo comonostalgia del trópico". La patria acoge triunfalmente a su gran poeta.

            Y en Madrid, al mismo tiempo que la segunda edición de Cantos de vida y esperanza, aparecía un nuevo libro: El canto errante.

            1908: Ministro de Nicaragua ante el gobierno español. Al año siguiente publicaría su Alfonso XIII. Por incumplimiento de su gobierno vive estrecheces económicas.

            En 1910 la  Librería de Sucesores de Hernando comienza la publicación de Obras escogidas, que serían tres volúmenes. La Nación pide a su colaborador estrella un poema para conmemorar en mayo el centenario de la independencia. Responde Darío  con un soberbio Canto a la Argentina, que en centenares de versos de sostenido ritmo y nobles o vibrantes  cuadros, evocaciones y elogios  componen una síntesis poderosa y cálida de la gran nación que tan propia la sentía el poeta.

            Alaño siguiente en París nuevas angustias económicas.Le salvan dos empresarios uruguayos, los hermanos Guido, que le encargan la dirección de la revista Mundial,por lo que le pagan 400 francos mensuales.Para esa revista escribe su serie de "Cabezas.

            Los Guido le organizan una gira propagandística por España  y América.A su paso por Barcelona, Lisboa, Río de Janeiro, intelectuales y poetas lo saludan. En Buenos Aires se le ofrece una gran recepción y por todolado se requiere la lectura de sus poemas y conferencias. Ello acaba con su ya precaria salud. Debe interrumpir la gira y volver a París.

            Lucha desesperada con el alcoholismo. Fuga en Otoño de 1913 a Mallorca, donde vive un período de misticismo.

            Vuelve a París. Su salud lo inquieta. Se suceden períodos de alcoholismo y angustia. 1914: Europa  se incendia con una enorme guerra. Trata el poeta de salir en una gira pacifista por América. Llega a Nueva York en noviembre.Lee  su poema "Pax" en la Universidad de Columbia y es incorporado a la HispanicSociey. Rosario Murillo, su compañera, viaja a Estados Unidos para llevarlo a la patria. Pasópor Guatemala, donde el presidente Estrada Cabrera  le ofreció una propiedad para que convaleciera. Su salud empeora. Y Nicaragua reclamaba la presencia de su ilustre hijo. "Me alejo de Guatemala en busca del cementerio de mi país natal". Llegó moribundo a León, el lugar natal, el 7 de enero, y el 8 es intervenido quirúrgicamente por el doctor Debayle, su amigo de toda la vida. Todo fue inútil. A las 10 de la noche del 6 de febrero expiraba. La ciudad se conmovió y sumió en un silenciorecogido, cerrados comercios y teatros, mientras doblaban campanas de iglesias y  retumbaban los cañones de la Plaza de Armas. Durante cinco días el cadáver del poeta fue despedido por emocionadas peregrinaciones, mientras la noticia daba la vuelta al mundo.

LOS DIEZ AÑOS

            "Ha llenado diez años de nuestra historia literaria" dijo de Rubén Darío Ortega y Gasset. Y ha de entenderse de la historia literaria de España y de América.

            Esos diez años comienzan en  Chile, en 1888, cuando aparece Azul.

            Era una sazón en que se vislumbraba en América el fin de la larga dominación del romanticismo. Ese comienzo del fin que anuncia Azul se da en Chile, donde era más sensible que una nueva burguesía desplazaba larga dominación de patricios aristócratas y la transición producía un vacío literario. Y en ese vacío irrumpe Rubén Darío con una nueva poesía y prosa sensualistas y esteticistas.

            Y la transformación requirió un escenario más abierto al mundo, a la vez que más cerrado: la España del 98, que él fue de los primeros en airear.  La que halló la dijo en una de sus crónicas madrileñas: "El formalismo tradicional por una parte, la concepción de una moral y de una estética especiales por otra, han arraigado el españolismo que, según don Juan Valera, no puede arrancarse "ni a veinticinco tirones". Esto impide la influencia de todo soplo cosmopolita, como asimismo la expansión individual, la libertad, digámoslo con la palabra consagrada, el anarquismo en elarte, base de lo que constituye la evolución moderna o modernista". Lo que él más admiró y amó en Walt Whitman fue eso la libertad: "Como un profeta nuevo canta su canto"

            El movimiento nuevo que el poeta americano exaltaba, impulsaba y del que con su propia producción mostraba su riqueza y sus inagotables posibilidades creativas era el modernismo. En esa misma crónica -titulada, precisamente, "El Modernismo"- saludó ya: "Nuestro modernismo, si es que así puede llamarse, nos va dando un puesto aparte, independiente de la literatura castellana". Ese modernismo se ponía al paso con lo que hacían los mejores por regiones más adelantadas del mundo literario, "Los que en Francia, en Inglaterra, en Italia, en Rusia, en Bélgica han triunfado han sido escritores, y poetas, y artistas de energía, de carácter artístico, y de una cultura enorme". (Buena caracterizaciónde él mismo).

            Y tenía enorme celo para distinguir lo que era modernismo de lo que prescribían cenáculos y capillas, de imitaciones de modas que no se entendían, de ciertos "preciosos", y exigía del modernista:

Hoy no se hace modernismo -ni se ha hecho nunca- con simples juegos de palabras y ritmos. Hoy los ritmos nuevos implican nuevas melodías que cantan en lo íntimode cada poeta la palabra del mágico Leonardo: Cosa bella mortal passa, e non d´arte. Por másque digan los juguetones ligeros olos niños  envejecidos y amargados, fracasa solamente el que no entra con pie firme en la jaula de ese divino león, el Arte -que como aquel que al rey Francisco fabricara el mismo Vinci, tiene el pecho lleno de lirios ("El modernismo", 28 de noviembre de 1899)

            No imitación de modas, pero sí admiración de las grandes novedades, las que abrían rutas a la lírica de occidente.Admiración y lúcido trabajo por hacer en el español lo que ellos habían hecho en otras lenguas.

            El gran hallazgo fue Verlaine. Iluminado por él tuerce el cuello al cisne de la elocuencia solemne de la lírica española seudoclásica, asimila nuevos  ritmos, violenta la sintaxis, da con la magia de la palabra musical. "Sobre las ruinas del templo castellano, con las columnas trizadas, construyó Trianons", diría Max Daireaux. Pero descuidó cuanto Rubén Darío aprovecharía de la mejor herencia literaria castellana.A Berceo le dirá: "Amo tu delicioso alejandrino". Y de Góngora: "Como la Galatea gongorina / me encantó la marquesa verleniana".

            Pero dejaron también huella en Darío las nuevas corrientes francesas del simbolismo.

            Con rica cosecha personal y poderosa transmutación castellana de todo ello, enAzul y Prosas profanas se cumple toda una revolución de la lírica en español, que empieza a dar frutos en España y América.

            "Si a Buenos Aires llevó de París Rubén el simbolismo verleniano, a Madrid nos trajo de Buenos Aires el modernismo rubeniano, en el que destilara las esencias de las estéticas simbolista y parnasiana a través de su personalidad lírica, obra creadora sólo reservada a su portentoso genio" -ha resumido, penetrantemente, Luis  Guarner.[3]

            Pero con sola esta referencia a sus ritmos y músicas, y a sus riquísimas evocaciones culturales y artísticas y a la fastuosidad de sus imágenes, la valoración del gran poeta quedaría incompleta,al igual que la de ese modernismo que él anunció, impulsó y  realizó fastuosamente: toda esa forma bella, así transmutada y liberada de cuanto no  fuera belleza, era, en términos que acuñaría la lingüística posterior a él, significante de un significado. Significante y significado inseparables como nunca en la lírica, fundidos allí para remitirse el uno al otro en inagotable juego de significado estético.

            Él lo dijo,como algo que lo vivía, que lo tenía como verdadera clave de su expresión poética, en ese texto que,  negándose a ser manifiesto, en estas líneas breves lo fue:

     ¿Y la cuestión métrica? ¿Y el ritmo?

     Como cada palabra tiene un alma, hay en cada verso, además de la harmonía verbal una música ideal. La música es sólo de la idea, muchas veces.

           

            Música de la idea eran, por ir al poema rubendariano que fue el primero que me deslumbró con la grandeza del poeta, esas honduras escalofriantes que irrumpieron en el "Coloquio de los centauros":

 

Pues de la Muerte el hondo, desconocido Imperio,

guarda el pavor sagrado de su fatal misterio.

 

CAUMANTES

El monstruo expresa un ansia del corazón del Orbe,

en el Centauro  el bruto la vida humana absorbe,

el sátiro es la selva sagrada y la lujuria,

une ímpetus sexuales a la armoniosa furia.

Pan junta la soberbia de la montaña agreste

al ritmo de la inmensa mecánica celeste;

la boca melodiosa que atrae en Sirenusa

es de la fiera alada y es de la suave musa;

con la bicorne bestia Pasifae se ayunta,

Naturaleza sabia formas diversas junta,

y cuando tiende al hombre la gran Naturaleza,

el monstruo, siendo elsímbolo, se viste de belleza.

 

            Para Cantos de vida y esperanza los diez años que decía Ortega se han cumplido y el poeta, en el "Prefacio" de ese libro definitivamenteconsagratorio, podía cantar victoria: "El movimiento de libertad que me tocó iniciar en América se propagó hasta España, y tanto aquí como allá el triunfo estálogrado".

Alangasí, 11 a 13 de febrero de 2016

 


 

[1]  Las cartas de Juan Ramón en Cartas de Juan Ramón Jiménez (Primera selección), Madrid (Aguilar) 1962

[2]  "Los versos de Antonio Machado", julio 1912. Obras Completas, I, 571. Antonio Machado había publicado en 1907 Soledades. El gran poeta era uno de los que había promovido Rubén Darío.

[3]  Luis Guarner, "Verlaine en España y España en Verlaine", prólogo a Paul Verlaine, Obras poéticas, Madrid, Aguilar, 1958, p. 34

 


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