Hernán Rodríguez Castelo

Escritor, historiador de la literatura

y crítico de arte

 


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Copyright © 2008 Hernán Rodríguez Castelo

 

 

Quito y Cádiz,    Mejía y las dos constituciones

Charla en el Congreso por el Bicentenario

de la Constitución de Quito, 14 de febrero 2012

 


A propósito del libro Manuela

Manuela en la Casa

Colección Bicentenario

 

De venta en la librería de la CCE y con el autor

 

Video y Galería de fotos

 

Comentarios:


Sobre literatura infantil y juvenil

Análisis de las obras clásicas de la literatura infantil y juvenil

Edición: Universidad Técnica Particular de Loja. www.utpl.edu.ec

Libro manual que da herramientas al maestro y maestra o promotor de lecturas que le permitan llegar al conocimiento y valoración e inteligencia de los textos destinados  a los niños, para generar las destrezas de análisis y crítica de esos textos.

Los cuentos más bellos del mundo

Edición: Universidad Técnica Particular de Loja. www.utpl.edu.ec

Libro en el que se hace el análisis de cinco cuentos para niños que pertenecen al patrimonio de la humanidad: Cenicienta o el zapatito de cristal, de Charles Perrault (1628-1703); Hansel y Gretel, de Jacob y Wilhelm Grimm (1785-1863/1786-1859); Bella y bestia, de Jeanne Marie Leprince de Beaumont (1711-1780); La Sirenita, de Hans Christian Andersen (1805-1875); y, El Príncipe Feliz, de Oscar Wilde (1854-1900).

 

Presentación del libro

GARCIA MORENO de Hernán Rodríguez Castelo

Por Benjamín Ortiz Brennan

SEÑORAS Y SEÑORES:

La presentación del García Moreno de Hernán Rodríguez Castelo en el recinto histórico del Municipio de Guayaquil tiene enorme significado. Supone dar el espacio que se merece a una obra sobre el personaje que en esta ciudad logró la victoria definitiva que salvó la supervivencia del Ecuador como Estado, cuando en aquellos años terribles, las fuerza internas y externas habían dividido al país en cuatro gobiernos con sus respectivos territorios, mientras dictadores y revolucionarios extranjeros, desde los países vecinos, hacían planes para repartirse a jirones el Ecuador que apenas había vivido tres décadas de vida independiente.

Tener por sede el Salón de Honor es también reconocer la obra de Hernán Rodríguez Castelo, un intelectual quiteño que en esta monumental biografía pone sus mayores talentos de investigador, lingüista, historiador, exégeta y escritor  para reconstruir centímetro a centímetro la personalidad y realizaciones del doctor Gabriel García Moreno, el guayaquileño que más ha contribuido a la permanencia de la Patria, realidad que debería imponerse más allá de las discrepancias políticas y los enconos ideológicos que sobreviven un siglo y medio después de la presencia del personaje en la vida nacional 

Y quizá como expresión de la unidad como nación, estamos aquí guayaquileños y quiteños, así como ecuatorianos de todas partes, para hablar de este hombre y de su última y quizá más completa biografía.

El episodio que  dio origen a que hoy día tenga este honroso encargo se dio hace pocos meses en Quito, con ocasión de la presentación de la última y magnífica novela de Francisco Proaño Arandi, Desde el Silencio. Estábamos entonces hablando de libros e historia, cuando supe de boca del mismo Hernán Rodríguez Castelo, gran maestro de las letras, que había concluido un libro que tenía por título y tema el apellido del personaje estudiado: García Moreno. Supe también que su extensión era de mil páginas. Nuestro mutuo interés por los sucesos de ese período apasionante de la historia nacional y una amistad de medio siglo, que comenzó cuando fue mi profesor en el colegio San Gabriel, desembocó en la invitación,muy honrosa de presentar el libro el día de su lanzamiento a circulación, suceso que hoy felizmente nos congrega.

Al día siguiente de la presentación de la novela de Pancho, estuve con Hernán en su casa- biblioteca de Alangasí. Allí los libros, como ocurre con la selva que avanza sin tregua, cubren paredes y espacios empujando todo lo demás. En la sala de la literatura ecuatoriana apareció el original de García Moreno, en su esplendor de páginas apiladas en un bloque de hojas de considerable volumen. Las hojas numeradas y simétricas tenían algunas marcas en rojo de revisiones y ediciones. Transporté la obra como quien lleva un cáliz sagrado y me entregué con entusiasmo a su lectura y hoy día estoy aquí para rendir cuentas de lo que encontré.

Las cosas se parecen a su dueño. El García Moreno de Hernán Rodríguez Castelo es una obra que refleja la personalidad del autor. Obra de investigación prolija y minuciosa, que recorre las fuentes originales sobre Gabriel García Moreno deteniéndose en cada documento con una lupa mágica que le permite mirar los textos desde su interior y descubrir los datos relevantes. El material obtenido seva hilvanando en un relato apasionante y preciso, sin prejuicios ni lugares comunes de aquellos que amigos y enemigos han endilgado a García Moreno. Obra de investigación sagaz y hasta aséptica,como corresponde a quien nos hizo entender, desde las aulas del San Gabriel, que el estudio de la literatura es tan preciso, exigente y perfectocomo puede ser el estudio del cálculo infinitesimal o la matemática cuántica.

Cuando conversamos sobre la obra que hoy nos reúne, Hernán me confesó en Alangasíque el García Moreno escasi un accidente intelectual. Él estaba escribiendo el capítulo correspondiente a García Moreno de su Historia de la Literatura Ecuatoriana. Al avanzar en la presentación del personaje y su vida, las páginas y los datos, se acumularon a tal punto que no podía ya considerarse su resultado como un capítulo adicional de la historia de la literatura ecuatoriana, sino que había adquirido sustancia, dimensión  y vida propia.

El origen literario de la obra se refleja enque su naturaleza primaria sea un estudio y recorrido por los textos de Gabriel García Moreno, quien documentó por escrito cada paso de su vida, quizá porque no había otra forma de comunicación eficaz. Sin teléfono y menos sin los adminículos que en el siglo XXI nos han depositado a todos en una nube electrónica, no había más remedio que escribir. La distancia entre ciudades, pueblos y regiones en el Ecuador de hace siglo y medio; la necesidad de comunicarse con aliados, fustigar a adversarios, instruir a gobernadores y soldados, discutir con diplomáticos en los cuatro puntos cardinales del país e incluso del mundo,se transforma en un fervor documentalen Gabriel García Moreno, hombre obsesionado por la precisión y que siempre quiso ser claro en cada afirmación y rotundo en cada negación.

Este guayaquileño de vida intensa y polémica necesitaba encontrarse con un biógrafo como Hernán Rodríguez que ame la palabra escrita y la investigación documental, para volver a cobrar vida en este libro indispensable. Los lectores, llevados de la mano por Hernán Rodríguez Castelo, caminamos codo a codo con Gabriel García Moreno, porque esta biografía es su vida y obra vista desde la visión y escritura del personaje. No desde la perspectiva de quien quiere construir un panegírico al visionario reunificador del Ecuador, ni tampoco desde la de aquellos que lo ven como la personificación del obscurantismo.

¿Y con qué se encuentra uno en el campo de las realidades?

La realidad es una batalla perpetua en todos los ámbitos y espacios. El Ecuador y América de la segunda mitad del siglo XIX son un laberinto de conspiraciones y guerras, en las cuales la nación y las nuevas naciones se estremecen buscando su forma y dirección. Los grupos y los hombres se enfrentan en conflictos y traiciones que después se convierten en alianzas y nuevas disputas. Período de superación del militarismo extranjero, aparición y enfrentamiento con el militarismo nacional. También de guerras internacionales en las que nuestros vecinos buscan repartirse el Ecuador en un juego realizado en paralelo a las luchas políticas internas. Etapa de las primeras y feroces pugnas entre liberales y conservadores.

Los biógrafos han levantado diferentes pedestales para colocar a García Moreno. Unos le han situado en un púlpito como predicador. Otros en un patíbulo como verdugo. Los de más allá en un altar como santo. El recorrido por la obra de Hernán Rodríguez Castelo nos deja ver a García Moreno como un luchador en combate perpetuo que busca imponer sus ideales sin dobleces. Hay pocos amigos en quienes confiar. Muchos enemigos a quienes derrotar. Emplea periódicos y fusiles, votaciones y normas, promueve la obediencia de la ley y maldice y viola la Constitución cuando no sirve a sus objetivos. En medio de la turbulencia, asciende a los Andes, estudia los volcanes y la química, descansa en el exilio. En la soledad de Paita Perú, cuando vive unos meses de calma, da gracias a Dios de que existan las matemáticas y el cálculo para no perecer de aburrimiento.

La obra recorre los temas polémicos, sin sentencias de última instancia ni pronunciamientos del autor. Sin duda se abre paso la versión garciana de los hechos porque, como quedó dicho, se trata de un recorrido que se sustenta de manera principal en los textos del Presidente asesinado en el graderío del Palacio de Gobierno de Quito.

El libro está dividido en cinco partes, a los que se añaden un epílogo, al que Hernán llama coda, como si fuera el finalde un concierto en cinco  movimientos. Gabriel García Moreno, becario de Vicente Rocafuerte, se gradúa de abogado en Quito, pero su mayor vocación intelectual parece ser las ciencias.  Odia a Juan José Flores, participa en la revolución marcista de 1845 en las filas de atrás. Es designado gobernador interino, para poner orden en Guayaquil, por el presidente y comerciante Vicente Ramón Roca a quien en el fondo desprecia. Vamos conociendo al personaje, su talento y pasiones, el entorno familiar guayaquileño y la parentela política serrana de los Ascázubi. A ratos invadimos la intimidad amorosa en las cartas a su mujer, Rosa, y tras su fallecimiento,en las misivas a su segunda mujer, Mariana, sobrina de la primera. Los temas personales aparecen siempre a la sombra de las historias políticas.

Cuando uno recorre las páginas de la obra de Hernán Rodríguez Castelo, que dan cuenta documentada –me atrevería a decir con la prolijidad de notario- de la vida urgente, agitada, encrespada, de Gabriel García Moreno, el lector acaba de  rendirse ante la evidencia de que se trata de una figura única, cuya presencia resulta indispensable conocer si se quiere ir hasta las raíces del Ecuador y de su supervivencia como Estado.

En aquellos años, nuestro país no acababa de despertarse del sopor y aislamiento de la Colonia, los caudillos se repartían el territorio nacional en tantos pedazos como las diferencias de clima y región lo permitían. Los países vecinos de norte y sur trazaban y volvían a trazar en los mapas las provincias con las cuales cada uno se quedaría del antiguo Departamento del Sur de la Gran Colombia. El caos político reinaba sobre una sociedad indolente, perezosa y hasta sucia en el sentido físico, según los testimonios de los pocos viajeros que llegaron por acá, que recoge Osvaldo Hurtado con atroz autenticidad en su obra las Costumbres de los Ecuatorianos. Siglo XIX apasionado y decisivo. Allí en la mitad está García Moreno, febril, católico hasta la médula, fanático, entusiasmado por la unificación del Ecuador, por la educación, los jesuitas y por las ciencias exactas, obsesionado por las carreteras y puentes, fundador de la Politécnica y del Observatorio Astronómico.

García Moreno parece un quijote que mil veces se estrella contra los molinos de viento, o un guerrero que arrasa con cuanto se opone a su proyecto de nación. Están sus batallas buscando la unificación del Ecuador  de la mano de su antiguo enemigo y ahora jefe de sus ejércitos, Juan José Flores.  Está la victoria contra Guillermo Franco cruzando desde Samborondón a Guayaquil, el fusilamiento del general Maldonado y los azotes al septuagenario general Ayarza, porque supuestamente estaba conspirando cuando apenas había logrado García Moreno la reunificación del país. Están las gestiones diplomáticas en Europa a cargo de su diplomático de siempre, Antonio Flores Jijón para negociar el concordato con la Iglesia Católica. Por supuesto constan las cartas a Trinité, del comienzo de su vida política, a las que tanto redoble han dado sus adversarios; la guerra sin sentido contra el caudillo colombiano conservador Julio Arboleda por temas de honor y las otras guerras, derrotas y acuerdos con el caudillo liberal colombiano Tomás Cipriano Mosquera. Estánlas luchas contra su eterno enemigo, el general ambateño Francisco Urbina y el fusilamiento a la mitad de los subversivos capturados tras la revuelta de Jambelí.

Sin justificaciones, acusaciones, ni tintas de colores, Hernán Rodríguez Castelo nos entrega a Gabriel García Moreno. 

¿Cuál son las notas esenciales de Gabriel García Moreno? Nos atreveríamos a preguntar al cerrar el libro de Hernán Rodríguez Castelo. García Moreno es un hombre dominado por la convicción de que la moral debe prevalecer en la vida pública. Esa moral a su vez se expresa de manera única y superior en la Religión Católica. García Moreno es un unificador y civilizador, convencido de que la religión es el principal factor aglutinante de la nación dispersa y diferente. Cree que la educación y la ciencia, con ese trasfondo moral, debe confiarse a la Iglesia y a los jesuitas en primer lugar y después a cuanta orden religiosa pueda traer del exterior, porque a los curas locales los ve como seres de costumbres relajadas. Es fiel al Papa, al punto de oponerse a la unificación de Italia por la pérdida de los Estados Pontificios. Y claro es un guerrero y constructor que lidera su ejército cristiano a contra corriente de las doctrinas liberales que avanzan implacables en su tiempo.

La obra de Hernán Rodríguez Castelo está a la altura de su personaje. El capítulo final en que trata el asesinato está relatado contanta austeridad, rigor y detalle, que pareciera exigir que uno lo lea de pie.

Al final, en dos páginas, Hernán Rodríguez Castelo, el escritor prolijo e independiente, toma partido y confiesa que el asesinato de Gabriel García Moreno fue una tragedia para el Ecuador, testimonio al cual me adhiero, con las reservas sobre algunos excesos de un guayaquileño y ecuatoriano gigantesco, contradictorio y siempre polémico.

Muchas gracias.


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